IGLESIA DE SAN JUAN DE LOS CABALLEROS


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En una reducida placita del antiguo barrio de San Juan, casi escondida entre los edificios del entorno, se alza el templo que este mes ocupa nuestra sección, la iglesia de San Juan de los Caballeros.

Esta parroquia, bajo la advocación de San Juan Evangelista, tiene sus orígenes en la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Alfonso X El Sabio en el año 1264. Se trata de una de las seis parroquias fundadas por el monarca y se encuentra edificada en el lugar donde se hallaba situada una antigua mezquita, que sería reformada para el nuevo culto. Con el tiempo, y a medida que las posibilidades económicas lo fueron permitiendo, este primitivo templo sería paulatinamente derribado, levantándose una nueva iglesia mudéjar que ha llegado hasta nuestros días con su primitiva planta, si bien con profundas reformas.

Su sobrenombre "de los Caballeros" obedece a la tradición de la asistencia y reunión en este templo de nobles caballeros pertenecientes a las distintas órdenes militares que defendían la ciudad, cuyos escudos persisten en algunas claves de bóvedas. Aunque además, existe una semi leyenda histórica que pasamos a relatar a continuación.

El hecho de que la ciudad de Jerez fuese reconquistada a los musulmanes por el reino de Castilla, no supuso en absoluto la estabilidad de la ciudad. Sino que, por el contrario, ésta era constantemente asediada por los ejércitos del Norte de África, y no fue hasta la Batalla del Salado en 1340 cuando se impondría definitivamente el dominio cristiano.

El 12 de abril de 1285 desembarca en Tarifa el Emir marroquí Abú Yusuf al frente de un poderoso ejército, asolando a su paso las tierras de Sevilla y Jerez. En esos momentos, hallándose la ciudad sitiada por los musulmanes, temiendo por la suerte y destino de la población, los caballeros jerezanos se reunieron en la iglesia de San Juan, concretamente en la capilla de La Jura, y decidieron firmar con su propia sangre (Diego Mateo de Amaya y Gonzalo Núñez de Villavicencio) una carta pidiendo ayuda al rey Sancho IV, tras cinco meses de cerco sin tener socorro ninguno, a la cual le respondió el rey que se sustentasen y en ningún modo desamparasen la ciudad, a cuya defensa estaban obligados por la confianza que el rey, su padre, había hecho de su nobleza. Estas palabras infundieron tanto valor en nuestros jerezanos, que comenzaron la resistencia en medio de las mayores fatigas, como si aquel fuera el primer día de cerco y se sustentaron hasta que el rey vino a socorrerlos.

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En el templo se conjugan distintos estilos arquitectónicos, mudéjar, gótico y renacentista.

En la parte exterior, destacan su cabecera semicircular y almenada (única en Jerez), las portadas laterales y la imponente torre-fachada.

En cuanto a las portadas laterales, cuya traza se ha atribuido al arquitecto del renacimiento andaluz, Hernán Ruiz II, siguen el esquema clásico de columnas corintias adosadas que sostienen un frontón triangular. En la del lado del Evangelio, aparece el busto de San Juan Evangelista con el atributo iconográfico del cáliz.

La torre fachada presenta dos partes bien diferenciadas:

  • La parte inferior, compuesta por un atrio con un gran pórtico renacentista a modo de arco de triunfo, a cuyos lados se encuentran dos pares de columnas toscanas adosadas, de orden gigante, separadas entre sí por nichos avenerados.

    El conjunto está rematado por un friso decorado con elementos clásicos como discos y bucráneos (elemento decorativo clásico que reproduce el cráneo de un buey o toro y simboliza el esfuerzo del trabajo).

    Desde este pórtico se accede a un pequeño atrio abovedado, donde se encuentra una segunda portada de estilo clásico, con frontón y friso, y la puerta de entrada al templo. En el centro podemos ver esculpida un águila, que representa a San Juan Evangelista. La totalidad de la obra es atribuida al arquitecto Alonso Valdelvira a principio del S.XVII.

  • Sobre el pórtico se levantan tres cuerpos y el cupulín de la torre, realizados por Antón Martín Calafate entre 1620 y 1644.

    En el primer cuerpo se repiten el orden toscano y los nichos avenerados, aunque incluye un frontón partido cuyos extremos se enroscan.

    El segundo cuerpo está decorado con pilastras jónicas y el tercer cuerpo, de forma cúbica y maciza está coronado por volutas enroscadas en las que se apoya la estructura de la cúpula.

  • El interior es de una sola nave, donde se aprecian tres etapas constructivas francamente bien diferenciadas.

    La más antigua, el ábside, fue mandado construir por Juana Fernández Zacarías "La Dueña", para sepultura de su familia, a mediados del S.XV. De hecho, en esta zona del presbiterio destacan las losas sepulcrales de Giraldo Gil Zacarías y familia, las más antiguas laudas conservadas en este templo.

    Existe un documento otorgado ante el escribano Rodrigo Ruz en el cual consta que en 1423 existía la iglesia edificada en su primer y segundo tramo y como tal parroquia.

    El ábside se encuentra cubierto por una bóveda de crucería, decorada con nervaduras de dientes de sierra y puntas de diamantes, característicos del mudéjar jerezano.

    Actualmente, la cabecera se encuentra casi desprovista de cualquier elemento mueble, tras la restauración realizada entre los años 1884 y 1895 por el arquitecto José Esteve y López, que retiró el antiguo coro de la nave y el retablo mayor de la cabecera, cerrando las portadas de acceso de las capillas colaterales al presbiterio y abriendo unas pequeñas puertas de inspiración neomudéjar. Así, hoy solo alberga un sencillo púlpito que perteneció a la antigua iglesia jesuita de Santa Ana y la talla del Cristo de la Vera Cruz, de mediados del S.XVII.

    El primer tramo de la nave data de 1530 y está cubierto por una bóveda gótica estrellada de cinco claves.

    El muro del lado sudeste de este tramo se encuentra realizado en ladrillos y conserva en su exterior, aunque difícilmente visible, una ventana ciega polilobulada con alfiz, gemela a otra recientemente aparecida en las obras de intervención de la antigua Casa Rectoral y curiosamente a la misma altura. Esto nos indica que pueden pertenecer a la antigua construcción mudéjar, aunque también han sido considerados como los únicos restos de la fábrica de la antigua mezquita.

    El segundo y último tramo que completa la nave es de estilo renacentista. Se atribuye su construcción a Hernan Ruiz II, según unos pagos realizados a éste en 1562, aunque como indica la inscripción que se conserva en el testero a los pies del templo, no quedó concluido hasta 1591.

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    A ambos lados de la nave del templo se encuentran anexas diferentes capillas.

  • Capilla de los Zarzanas. Se accede a ésta mediante una espléndida portada trazada en 1596 por el milanés Vermondo Resta. Está dedicada a San José y en el interior destaca su bóveda estrellada que se caracteriza por los nervios dentados. Desde esta capilla se accede al sagrario, antigua sacristía, que cuenta con una interesante bóveda estrellada. En esta bóveda, realizada durante el segundo tercio del XVI, son visibles en sus claves los escudos de las órdenes militares que conceden el sobrenombre "de los Caballeros" a la iglesia.

  • Avanzando por la nave principal, siguiendo el lado de la Epístola, se encuentra la capilla de los Carrizosa, actual sacristía, que hizo las veces de sagrario. Está cubierta por una bóveda gótica de crucería de la primera mitad del S. XVI, y en ella destaca el sepulcro del que fuera comendador de Higuera, don Diego López de Carrizosa y Perea, realizado en 1617.

  • A los pies del lado del Evangelio se encuentra la capilla de San Dimas, que contiene un retablo de Ànimas del S.XVII. Contiguo a ésta se encuentra el zaguán de ingreso de la portada del Evangelio, cubierto por una interesante bóveda plana y casetonada del S.XVI, decorada con florones y animales mitológicos.

  • Junto a la cabecera se encuentra la capilla de los Tocino, conocida por la tradición como de "la Jura", cuyo acceso se realiza desde la antigua Casa Rectoral, tras las reformas del siglo XIX. Esta Capilla estuvo dedicada a Santa Catalina, siendo en sus orígenes un espacio funerario de principios del siglo XV de este entronque familiar de los Ursino-Tocino, destacando su bóveda estrellada sobre trompas y sus lacerías de estilo mudéjar.


  • La citada antigua Casa Rectoral, que se extiende en la fachada exterior del lado del Evangelio en la calle San Juan, es obra del primer tercio del siglo XIX.

    Como consecuencia de la caída desafortunada de un rayo en el templo en 1981 que provocó daños importantes en el campanario y una de las bóvedas, se procedió a una nueva restauración por el arquitecto Juan Torreira Vaca, que culminó en 1988.