ERMITA DE LA INA


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A siete kilómetros de Jerez, a orillas del río Guadalete se levanta una pequeña y vieja ermita, la de Nuestra Señora de la Victoria de la Ina . Construida en 1339 como acción de gracias por la victoria de los jerezanos frente a las tropas de Abu-Melek, el Infante Tuerto, que sitió la ciudad de Jerez.

Abu-Melek, fue rey de Ronda y Algeciras. Este título le había sido dado por su padre el rey de Marruecos Abul-Hassan, por sus servicios en África y la toma de Gibraltar. Rompió las paces concertadas con don Alfonso XI de Castilla y vino a atacar Jerez con un poderoso ejército, auxiliado por los del reino de Granada.

El caballero don Diego Fernández de Herrera, que conocía a la perfección la lengua árabe por haber sido cautivo en África, ideó asesinar al Infante Tuerto y dejar así al ejército musulmán sin capitán. Pasó el río Salado vestido como sus enemigos, por el sitio que llaman el Tirado, cerca de la Cabeza del Real. Empuñó un pesado rejón, llegó hasta el infante tuerto y lo traspasó dándole muerte el 28 de octubre de 1339. El ejército, hallándose sin jefe que gobernase, ni soldado que obedeciese, huyó. Viéndose después alcanzados y rodeados los infieles donde radica la ermita, trataron de hacer defensa y fueron muertos escapando muy pocos. En celebración de este hecho fundaron después los de Jerez la ermita, llamándola la Ina, por haberles concedido la Madre de Dios una tan gran victoria y tan aína . "Aína" es un antiguo adverbio que equivalía a decir presto, con prontitud, rápida.

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Diego Fernández de Herrera volvió a la ciudad gravemente herido y moriría quince días después, siendo enterrado en la parroquia de San Marcos de nuestra ciudad.

La Ermita, es un sencillo edificio de planta rectangular, techo a dos aguas cubierto por tejas y rematado por una espadaña. Tiene un espacioso portal delante de la fachada principal. Se encuentra revestida de cal interior y exteriormente y el pavimento es de solería. Dispone de tres ventanas en la nave lateral del lado del Evangelio (izquierda). Su interior, al que se accede por un pórtico, tiene tres naves, formadas éstas por dos pilares, cada uno con cuatro arcos de herradura de estilo almohade. Su primitivo artesonado de madera, característico de todo templo mudéjar, debió desaparecer hace muchos años, por lo que tras su última reconstrucción, se le dotó de un sólido techo de hormigón en el que se imita a sus vigas originales. Un escalón separa el presbiterio del resto de la ermita, y en él se encuentran dos puertas laterales que comunican, una a la sacristía y la otra, situada en el lado de la Epístola, con dos habitaciones de la casa contigua, que anteriormente fueron aulas de una escuela rural de la Diócesis de Cádiz a mediados del siglo XX. Un bonito y sencillo retablo compuesto por una hornacina en la que se venera una imagen de Nuestra Señora de la Victoria, es el principal motivo decorativo de la capilla. También merece destacar una pila bautismal situada a la entrada, tallada en alabastro del siglo XVI.

Esta ermita es un ejemplar de la más pura arquitectura mudéjar, y el templo cristiano más antiguo de todos los que se conservan, no sólo en Jerez, sino en toda nuestra provincia. Un hecho sucedido en 1839, causó enormes desperfectos en la capilla y casi estuvo a punto de hacerla desaparecer. Un fortísimo tornado elevó con su enorme fuerza toda el agua de una laguna cercana arrojándola contra la Ermita y sus alrededores, derribando el campanario, destrozando techos, tabiques y puertas, causando gran susto entre los lugareños. A pesar de ello, la ermita fue reconstruida y hasta el año 1880 se celebró culto en ella, sostenido bien por el Ayuntamiento, bien por los vecinos del lugar. Es a partir del citado año cuando la edificación se dedica a casa de labor y cuadra, quedando durante muchos años en tan lamentable estado de abandono que hizo temer por su desaparición.

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En 1927 siendo alcalde de Jerez D. Federico Ysasi y Dávila, el Estado inicia, al parecer por error, expediente de subasta de la Ermita de Ntra. Señora de la Ina, al figurar en su inventario como "bienes enajenables procedentes de la Cartuja". Debido a ello, el Ayuntamiento tiene que iniciar un recurso para demostrar que la misma aparece exenta a perpetuidad como capilla pública, siendo propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Jerez.

Finalmente, a mediados de los sesenta, tras décadas de incidencias, la Diputación provincial, presidida entonces por D. Álvaro Domecq y Díez, se hizo cargo de su rehabilitación, emprendiéndose las obras necesarias que culminaron con su reapertura al culto.