Alcázar de Jerez


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Nos situamos en el S.X, al sur de la Península Ibérica, asentada junto al rio Guadalete se encuentra la ciudad de Sharish. Se trata de una medina musulmana asentada sobre el borde de una meseta, con abundante agua y tierras fértiles, jardines y parterres floridos, con grandes comodidades, rodeada de alamedas y lugares de recreo junto al rio Guadalete. Es una ciudad totalmente urbanizada, de la que hoy, aún se conserva una red de calles principales que vertebraban el urbanismo de ésta, comunicando principalmente las cuatro puertas de la ciudad, las mezquitas y los espacios comerciales, alhóndigas y baños. Estaba rodeada por una fuerte muralla defensiva y dotada de un alcázar, al cual vamos a dedicar nuestra sección este mes.

La palabra Alcázar proviene del árabe al-qasr y designa a un recinto fortificado o conjunto de edificios rodeados de murallas, que eran la sede del poder político y militar de la ciudad. Tenía una función militar a la vez que residencial. Era como una pequeña ciudad dentro de la ciudad, capaz de satisfacer mediante su dotación material interna las necesidades del wali, así como las de sus propios habitantes y guarniciones.

Integrado en la muralla, sistema defensivo de la ciudad, se encuentra emplazado en el extremo sureste de ésta, en el punto más elevado dominando así tanto la ciudad como el territorio circundante (se controlaba todo el entorno, desde la sierra de San Cristóbal al sur y Gibalbín al norte, al este y al oeste la campiña e incluso el mar de la costa atlántica). Estaba rodeado además de un cinturón de muralla o barbacana de menor altura, separada en torno a 4 m., que estaba coronada de almenas y cuya finalidad era facilitar a la guarnición del Alcázar repeler el ataque de los enemigos mientras que éstos se disponían a saltar esa primera línea defensiva. Es curioso observar como también existía un antemuro en la parte del Alcázar que miraba a la ciudad. Esto nos indica que el recinto debía no solo protegerse de los ataques externos, sino también de eventuales ataques de la población.

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Su origen se remonta a finales del S.X o principios del XI, aunque ha sufrido continuas reformas, reparaciones y adaptaciones que han ido modificando su aspecto inicial. La mayoría de la construcciones islámicas que perduran son del S. XII y XIII, época almohade, en la que servía de residencia al wali del califa sevillano.

Tiene forma cuadrangular y sus cuatro ángulos están orientados a los cuatro puntos cardinales. Está construido, al igual que la muralla, por el sistema de tapial, que es una técnica constructiva característica de la época musulmana, nombre procedente de la palabra árabe tabiyya. Este sistema consiste en realizar un encofrado de madera, a modo de cajón rectangular, atravesado por unas agujas de madera. Se apoyaba sobre el mismo muro y se rellenaba con una argamasa u hormigón compuesto de arena, cal y agua, al que se le añadían trozos de cerámica y cascotes de piedra, huesos e incluso paja. Se apisonaba para compactarlo y una vez fraguado se procedía a retirar el encofrado. Hasta bien entrado el siglo XI se usaron agujas de madera que una vez desmontado el encofrado, se dejaban empotradas en el muro, aunque antes de dar el revoque final se aserraban a ras de éste. Con el tiempo esta madera se reseca y desaparece y el muro queda pespunteado regularmente por una serie de mechinales que testifican, en hileras sucesivas, el número y la anchura de los tapiales aplicados. También en algunos puntos se utilizaron ladrillos y sillares de piedra.

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El Alcázar estaba flanqueado por 12 torres, macizas hasta la altura de la muralla. Cada una de éstas tenía nombre dependiendo de su función, forma o color. Así conocemos algunos nombres como: "la del Rayo", "la del Homenaje", "la del Oro", la torre Roja, la torre Blanca y "la del Mirador". Todas tenían forma cuadrangular a excepción de la del Oro que es octogonal. En la actualidad se conservan 7 de ellas.

TORRE OCTOGONAL O TORRE DEL ORO

De entre todas, destaca por su monumentalidad, de planta similar a la sevillana. Tiene aprox. 18 metros de altura y está decorada en el exterior por una banda de arquillos ciegos y tres fajas de ladrillos salientes. Interiormente no dispone de cámara superior sino que se accede a la cubierta de ésta a través de una escalera circular.

Era una torre albarrana que servía de atalaya o torre de vigilancia eliminando ángulos muertos, pero también para hostigar al enemigo que intentara acercarse o rebasar la muralla. Tenía carácter representativo tanto del Alcázar como de la ciudad, siendo el punto más elevado de éste.

TORRE DEL RAYO

De las restantes torres, la "torre del Rayo" la del ángulo oeste, a la que se adosó la torre del homenaje en el S. XV, es la única que conserva su estructura original. Se encuentra levantada en la intersección de dos de los lienzos del alcázar y en ella confluían los muros de la fortaleza con los de la ciudad por el lado de poniente. Tiene 16 metros de alto. Como el resto es maciza en su parte inferior y conserva a la altura de la muralla dos estancias separadas entre sí por un gran arco.

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TORRE DEL HOMENAJE O DE PONCE DE LEÓN

Construida en 1471 por D. Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz. Éste, en el marco de su lucha con la casa de Medina Sidonia por el control de la baja Andalucía, entra en Jerez y se hace cargo de la alcaldía del Alcázar. Mejoró las defensas y realizó obras en los edificios interiores del conjunto, obras que tuvieron que ser de gran importancia como para permitir que los Reyes Católicos se alojaran en éste en 1477 en su visita a la ciudad, ya que tras haber perdido su función defensiva, el alcázar se encontraba en estado de ruina y abandono.

De planta rectangular, cuenta con semisótano y 3 pisos de altura y cada una de estas plantas están divididas en dos estancias por un muro central. Esta torre poseía un foso propio hacia la parte interior del Alcázar con el que se comunicaba mediante un puente levadizo. Por lo que responde estructuralmente a lo que se denomina torre del homenaje con todas las dependencias para vivir en caso de asedio, incluido hornos, almacenes y cocinas, sirviendo tanto como último reducto defensivo, como de vivienda. Desde la última planta se accede a la cámara de la torre islámica a que está anexa que fue aprovechada como habitación privada del marqués. En la planta media se distribuían los espacios de recepción y de guardia. En la planta inferior las cocinas, hornos y almacenes.

Dentro del sistema defensivo del Alcázar otro elemento de vital importancia por su mayor dificultad defensiva fueron las puertas. Para ello, los musulmanes pusieron en práctica un tipo de entrada con uno o varios giros que se denominan puertas en recodo. De igual manera defendían estas puertas con varias torres, dificultando en gran medida la entrada en caso de asedio.

Se conservan las dos puertas que poseyó el Alcázar. Como comentamos anteriormente, este tipo de fortaleza funcionaba de forma autónoma respecto a la ciudad por lo que siempre tiene una entrada que la comunica con el interior de la medina y otra que conduce al exterior de las defensas.

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PUERTA DEL CAMPO

Facilitaba la salida directa al exterior del recinto fortificado de los habitantes del Alcázar, muy útil en caso de sublevación de la medina. Se abre semioculta, de forma que resulta difícil su localización externa, en el costado de una gran torre cuadrangular, que le servía de defensa, la denominada Torre Mirador o en el S.XVIII Torre del Socorro, en referencia a la Virgen que se veneraba en el convento de San Agustín, también era una manera de pasar desapercibida ante el ataque de los enemigos. La entrada es muy estrecha como corresponde a su función defensiva y se compone de un alto pasadizo con doble recodo, cubierto por bóvedas de cañón. En el segundo tramo posee una apertura (buharda) en la cubierta para poder hostigar al enemigo desde arriba.

PUERTA DE LA CIUDAD
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La otra puerta, llamada "Puerta de la Ciudad" conectaba con la medina, único acceso desde la ciudad al alcázar (se encuentra enfrentada a la puerta del Campo). Añade a su función defensiva la representativa, motivo por el cual posee gran monumentalidad. Vemos su fachada labrada en sillares de piedra bien trabajados y está formada por un gran arco de herradura que apoya sobre ménsulas de mármol. Se trata de una torre-puerta con la entrada en un lateral de la torre formando un giro de noventa grados que da entrada al patio de armas y cuyo interior se cubre con una bóveda vaída. En uno de sus lados se conserva un espacio cubierto con una bóveda de cañón que servía para el control de la guardia. El acceso a esta puerta estaba protegido por la propia muralla y dos torres, una que sobresale del muro en forma de L (oeste) y otra más retranqueada (norte) formando entre ambas un pequeño patio a cielo abierto que servía como espacio de tránsito antes de llegar a la puerta. Actualmente ambas torres se encuentran muy desmochadas.

Entre las dos torres se levantó un arco en el S. XV que forma la actual entrada al recinto.

CONSTRUCCIONES INTERIORES

La disposición interna del Alcázar ha sido hasta no hace mucho tiempo totalmente desconocida. A la escasez de edificios que se conservan en pie y falta de investigación, hay que añadir la barbarie especulativa que ideó la construcción de un hotel de varias plantas en el centro del conjunto, perdiéndose así toda la información posible de este sector. Será a partir de los años 80 cuando comenzarán las investigaciones que han aportado los datos que conocemos hoy.

En su interior se conserva una de las pocas y más completas muestras existentes en España de la arquitectura almohade.

En su etapa islámica el interior del Alcázar estuvo constituido por una serie de construcciones de distinta índole, organizadas según su función residencial, militar o religiosa. Existían varios espacios destinados a actos oficiales junto a edificios residenciales (viviendas particulares, jardines) o funcionales (cuadras, albergue de tropas, hornos…) Se sabe que existían varios grupos de edificaciones levantadas en torno a patios y comunicadas entre sí a través de pasillos y calles.

De sus orígenes se conservan la mezquita, los baños árabes y el pabellón real.

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MEZQUITA

De época almohade, única mezquita conservada de las 18 que hubo en el Jerez musulmán, transformada tras la Reconquista en la Capilla de Santa María. Tiene planta cuadrada y está cubierta con una bóveda de ocho lados sustentada sobre trompas. Era un pequeño oratorio de uso privado para el gobernador y su séquito. Su construcción data del siglo XII y presenta los elementos característicos de estos edificios religiosos.

  • El alminar, torre desde donde el almuédano realizaba la llamada a la oración.
  • El patio de las abluciones, con una pila en el centro para realizar las abluciones previas a la entrada en la sala de oración, cuyo significado es la limpieza ritual de purificación mediante el agua.
  • La sala de oración, presidida por el mihrab, pequeño nicho abierto en el muro de la kibla y que señala a los fieles la dirección sagrada a la Meca (marca en las mezquitas el sitio hacia donde han de mirar los que oran, suele estar ricamente decorado y representa una puerta o un pasaje a La Meca). También en este frente encontramos una puerta de origen islámico que servía de acceso a la mezquita al gobernador del Alcázar.


  • El rey Alfonso X el Sabio, conquistador de la ciudad en el 1264, consagró esta mezquita al culto cristiano, la consagró al culto de Santa María y le dedicó dos de sus cantigas, cuyos resúmenes aparecen en dos lápidas de mármol sobre el altar.

    Otro de los añadidos a la original mezquita, en una de las restauraciones, es el óculo superior central cubierto por un cupulín con decoración de yesería barroca del S.XVIII.

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    BAÑOS

    Las abluciones mayores constituían un precepto religioso además de un placer para los sentidos y formaba parte inherente de la vida cotidiana en el mundo hispano musulmán. Por prescripción religiosa debían tomar un baño al menos una vez a la semana. A esta función se le añadía la lúdica e higiénica. El edificio del baño era usado como lugar de esparcimiento donde se podían discutir las actividades del día en un ambiente distendido. Su atmósfera oscura y húmeda era muy apropiada para la relajación. En el caso de las mujeres era utilizado como vía de escape de su obligatoria reclusión en los hogares.

    Herederos de las termas romanas, responde al esquema tradicional del baño islámico y en él se diferencian varias partes.

    En origen estuvo precedido por una sala de entrada, hoy descubierta, que constituía un vestuario. Inmediato a éste se encuentra la sala fría (bait albarid), como zona de tránsito, antes de entrar en la zona húmeda. Está cubierta por una bóveda de cañón y en ella se encuentran dos pares de arcos de herradura geminados, creando virtualmente espacios separados en los extremos. Cerca del pavimento se conservan restos del enlucido original, que parece imitar mármoles y que debió recubrir toda la sala cuando estaba en uso.

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    La sala contigua es la sala templada (bait al wastani), la más amplia. Aquí se recibían los masajes y se realizaba parte del baño, era también zona de tertulias. En el centro existía posiblemente algún tipo de fuente para recoger el agua y echársela por encima.

    Su planta cuadrada se organiza sobre un espacio central, cubierto con bóveda ochavada sobre trompas que apoya sobre arcos de herradura, y una galería perimetral. Destacar la belleza de las bóvedas, diferentes en cada rincón y los lucernarios abiertos en las bóvedas por donde se filtraba la luz cenital.

    La sala caliente (bait assajum) donde se tomaban los baños de vapor. Sala rectangular cubierta con bóveda de cañón con dependencias en los extremos separadas por un arco de herradura. Es posible que en ambos extremos existiera una pila de agua para refrescarse y que al rebosar cubría de agua el suelo para hacer más soportable el ambiente de la sala.

    En esta sala se tomaban los baños de vapor producidos por un sistema de calentamiento de aguas oculto bajo el suelo. La temperatura aquí era muy elevada por la proximidad de la caldera.

    Al haber desaparecido el delgado tabique que lo separaba de la estancia de los baños, hoy es también visible la sala de la caldera (bayt al burma). Aquí se calentaba el agua y el calor servía para calentar la sala caliente a través de los conductos subterráneos. Estas calderas se alimentaban de agua por medio de un depósito construido en el lado este, junto a la bóveda de la sala de caldera sobre el baño. Hasta aquí llegaba el agua procedente de una noria situada entre el baño y la muralla. Según una tradición, bajo el convento de San Agustín existieron unos aljibes de época musulmana conectados con el Alcázar.

    En la parte que linda con la puerta del Campo se encuentran restos de la leñera.

    En el S.XVI, debido al estado ruinoso en que se encontraba la capilla de Santa María, estos baños fueron utilizados como iglesia. Posteriormente también se utilizaron como vivienda de los criados del alcaide, cuadras o lavaderos.

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    PABELLÓN DEL PATIO DE DOÑA BLANCA

    Junto a la torre octógona, apoyado sobre la muralla y a una gran altura, se conserva en pie el único palacio almohade del primitivo alcázar. Este edificio se encuentra situado directamente sobre las murallas del Alcázar a un nivel considerablemente más elevado que el resto de los edificios del recinto En su origen fue usado como pabellón de descanso o salón de protocolo, con pórtico de entrada y alberca en el frente del edificio. Esto nos denota el grado de prestigio y riqueza que llegaron a tener los gobernadores jerezanos ya que este tipo de edificio se asocia con el carácter de realeza. Presenta planta cuadrada cubierta por una cúpula octogonal sobre trompas (idéntica a la de la mezquita), con dos alcobas laterales para el descanso a las cuales se accede a través de un arco de herradura.

    La entrada da paso a un andén que en origen estuvo porticado. De este pórtico de siete vanos, se conservan las bases de los pilares en ladrillo. De estas se deduce una división tripartita compuesto por un paño central de mayor luz y dos paños adyacentes, divididos a su vez en tres.

    Delante de la galería se excavó una gran alberca rectangular de 12,40 m. por 4,60 m. que servía para almacenar el agua necesaria para el riego de la huerta. Por otra parte, la presencia del agua y de los surtidores cumplía una función lúdico-estética. El nivel inferior estaba compuesto por un extenso jardín.

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    JARDIN DE LOS OLIVOS

    Recrean la estética de los jardines palaciegos de al-Andalus. El Corán mostraba a los musulmanes el Paraíso como lugar donde crecían exuberantes jardines regados por corrientes de agua cristalinas. De este ideal paraíso surge la costumbre de construir hermosos jardines que embellecen las viviendas.

    Predominan en él las formas de los grandes jardines islámicos con albercas, fuentes, parterres de flores y árboles que sombrean el paseo. Las plantas que podemos ver son propias de los ambientes musulmanes: el laurel, el naranjo, el hibisco, el jazmín y el mirto.

    Se le ha dado ese nombre por los olivos allí plantados, árbol representativo de Jerez en la época medieval.

    OTRAS CONSTRUCCIONES
    EL MOLINO DE ACEITE

    Dentro del plan de reformas que acometió D. Lorenzo Fernández de Villavicencio en el S. XVIII, se levantó esta antigua almazara. El cultivo del olivo tuvo una gran importancia en Jerez y su campiña, hasta la mitad de XIX. En el interior se puede observar el molino propiamente dicho y la sala de la viga, donde se ubica la monumental prensa de madera para la extracción del aceite.

    Para la construcción de esta almazara se derribó buena parte de la muralla NE, un tramo de la muralla NW en dirección a la puerta de la ciudad y se arrasó la torre islámica del vértice N.

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    EL PALACIO DE VILLAVICENCIO

    Este hermoso palacio aunque resulta extraño dentro de un conjunto islámico, otorga una gran singularidad al recinto.

    Palacio barroco edificado sobre las ruinas del primitivo palacio islámico, en el siglo XVIII. Según las excavaciones arqueológicas realizadas bajo el palacio se localizó una gran alberca de más de 12 m de longitud y 3,70 de ancho, en torno a la cual se encontraban las estancias del palacio islámico. Esta fue localizada en el cuerpo transversal del palacio que da hacia los baños Este patio de la alberca estaba rodeado en sus lados mayores por un pórtico. Hacia la zona oeste en la zona longitudinal del palacio, se localiza también otro patio con una pequeña alberca y varias estancias que podrían haber sido zona de cocina. Se localizan además dos muros, que forman un largo pasillo que desemboca junto a la muralla en lo que pudo ser una calle que recorriera todo el perímetro amurallado del Alcázar. Este conjunto de edificaciones estaba compuesto por dos grupos de estancias enfrentadas entre sí con un patio en el centro y al menos una de ellas estaba precedida de una galería o pórtico.

    Durante la actuación llevada a cabo en el patio de armas, con motivo de la renovación de su pavimento, se pudo constatar que en parte rebasaba la fachada norte del palacio, extendiéndose por el patio armas.

    En 1664 la tenencia del Alcázar pasa por "juro de heredad" (de manera perpetua y con carácter hereditario) a D. Bartolomé de Villavicencio. Los Villavicencio, una de las familias más poderosas y de noble linaje de la ciudad, comienzan una serie de reformas y adecentamiento en el alcázar, entre las que se incluye la construcción de este bello palacio barroco, edificado sobre las ruinas del primitivo palacio islámico. Los salones de la planta noble del palacio conservan la belleza y decoración de su ambiente original.

    En la 2ª planta, está expuesta la antigua farmacia municipal del siglo XIX, con el mueble original de madera bellamente tallada y los albarelos y botamen de farmacia de la época.

    En la torre del palacio se encuentra ubicada la Cámara oscura, importante atractivo turístico, que nos permitirá observar la ciudad a vista de pájaro, pero con la particularidad de ser imágenes reales y en movimiento de Jerez, su campiña y sus monumentos, convirtiéndonos en privilegiados vigías de la ciudad y de su entorno.